"Yo soy como la luciérnaga que necesita la noche para brillar y vivir", Juan Carlos Aragón Becerra

lunes, 13 de junio de 2011

Un cayado para el camino

Dicen que tener detrás de la puerta un bastón para apoyarte y hacer tu caminar menos pesado, es la mejor inversión que puedes hacer. Y también suelen decir que dichos artilugios sólo son para quienes físicamente los necesitan; pero no puede haber un error más evidente como el de afirmar rotundamente eso. A veces, pretendemos hacer nuestro camino sin ningún apoyo, por nuestro propio pie y sin hacer parada alguna en ningún oasis. Somos así de prepotentes y es un error creerse autosufieciente, y más aún cuando tener un apoyo a tu lado día a día es lo más maravilloso e increíble que puede sucederle al ser humano.

Hace muchos, muchos años encontré un apoyo que nunca me ha abandonado, que siempre ha estado ahí; pero que, hace su propio camino y no puede estar atento a mis necesidades durante todo el viaje.
Hoy, sé que poseo un cayado que pretende hacer el camino a mi lado, sin sustituir a nadie porque el puesto que ocupa ahora ha estado reservado para él durante veinticuatro años.


Luciérnaga

lunes, 6 de junio de 2011

No es tan difícil

Tener un mal día y no saber acabarlo correctamente es el error más enorme que se puede llegar a cometer. Sabiendo, a ciencia cierta, que al caer el sol te espera la parte más reconfortante del día y que, esas mínimas horas pueden conseguir que hasta la jornada más negra pueda acabar con una sonrisa; y conseguir, no sólo no dejar que la comisura de tus labios esboce ni una media luna, sino que la luna entera que deseas ver cada día al regresar a casa, se vea reconvertida en la cara de "día funesto" que tú has cargado durante más de doce horas, llega a ser el castigo más cruel que pueda recibir alguien.

¿Por qué nos cuesta tanto dejar en el umbral de la puerta nuestros problemas? No es tan difícil cuando sabes que lo que te espera al otro lado es tu paraíso particular, tu "séptimo cielo".

Pero hay veces, en las que esa nube celestial desaparece mucho antes de que decidamos meter la llave en la cerradura de la puerta de casa. Incluso, hay otras muchas ocasiones, en las que llegamos y reconocemos la puerta, el felpudo y llegamos a leer nuestro nombre en una plaquita junto la mirilla; pero antes de intentar abrir, intuimos que no es nuestra casa, que no tiene ese toque necesario para que lo sea, le falta algo.
Quizás el toque que necesita esa puerta es una placa más grande, donde quepa otro nombre. O quizás, lo único que esa casa necesita es una foto en el recibidor, que nos recuerde que las dos sonrisas se buscan al llegar el final del día. O, simplemente, una nota pegada en el marco de esa foto, donde se nos diga que sin nuestra sonrisa, sin nuestra presencia, sin ese toque especial, esa casa no podría ser la que es; y mucho menos, la persona que nos acompaña en la foto podría seguir regalándonos esa luna llena, si desde fuera de la foto nosotros dejamos de imitar su sonrisa.


Luciérnaga

martes, 24 de mayo de 2011

¿Qué importa lo que nadie opine sobre nosotros?

"Con cada vez que te veo nueva admiración me das, y cuando te miro más aún más mirarte deseo".

Eso es precisamente lo que me ocurre ahora mismo. Siempre que te miro, deseo hacerlo mucho más y no dejar de estar contemplándote nunca. Sería algo maravilloso ser lo primero que viese al despertarme y lo último al irme a la cama. Puedo conformarme con que, al menos, la mayoría de las veces eres lo último y lo primero que escucho.
Saber que es tu voz la que está al otro lado del teléfono y que cada vez que te diriges a mí es para decirme lo mucho que me quieres es lo que me da la vida y lo que me lleva a  mis silencios. Cuando me callo no es porque no tenga nada  que decir o porque me sienta incómoda. Mis silencios fuerzan tus "te quieros" y tus palabras de cariño.

Cada día que pasa necesito tenerte más cerca; porque me haces sentir fuerte, feliz, completa... ¿Qué importa lo que nadie opine sobre nosotros? Nada, no importa nada, porque nada ni nadie va a cambiar lo que sentimos el uno por el otro; porque ninguno somos influenciables y no haremos caso de obstáculos absurdos que no existen.

Deja de pensar tonterías y permíteme mirarte porque lo haré como si fuese la última vez que lo hiciera, aunque te tenga toda la vida delante para hacerlo.


Luciérnaga

miércoles, 4 de mayo de 2011

De mi puño y letra

Pensar o dejar la mente en blanco, son dos tareas realmente difíciles. La primera porque es inesperada, no sabes cómo ni por qué te ha venido "eso" a la cabeza y, precisamente, en este momento. La segunda lo es, tan sólo por la característica de inoportuna que posee la primera. 
Por esto es que, a veces, contestamos un "nada, no estaba pensando nada"; y no porque no lo hagamos, sino porque nos parece increíble estar pensando precisamente eso.

Yo muchas veces contesto con ese generalizado "nada", pero últimamente lo hago porque tengo que guardar mis pensamientos; dejarlos apuntados en un papelito para poder recurrir a ellos a la hora de escribir. Es muy egoísta no querer compartir mis elucubraciones con quiénes tengo a mi lado, pero tengo la certeza de que lo que pretendía decir en ese instante resultará mucho más verdadero a través de la música y las voces de dieciséis corazones o leído por quiénes deséis pasearos por mi espacio.

Y es que de mi puño y letra, puedo expresar los sentimientos más puros, reveladores, egoístas, oscuros, sensuales...
A partir de hoy lo único que tengo que saber es cuáles son los que quiero que se lean por la red y los que voy a defender a viva voz durante febrero en un escenario.

Luciérnaga

viernes, 22 de abril de 2011

¿Y mañana qué?

"Y mañana, todo será más fácil".

Siempre hay un antes y un después. Algún que otro revés que nos da la vida y que nos empeñamos en hacer duradero por puro egoísmo. Pero un sentimiento mutuo, compartido quizás desde la niñez nos permite recapacitar y retomar algo que nunca debió dejarse aparcado.

Aparcado, incluso olvidado, quise dejar un sentimiento. Un sentimiento que está llegando a ser más grande que yo misma; más importante que cualquier otro que haya podido vivir. Necesito sentirme así, no quiero que esto desaparezca; y, hoy en día, no me pregunto "¿y mañana qué?" Y si lo hago me respondo a mí misma: "Mañana, más y mejor", porque mañana, hoy, cualquier día, merece que las cosas sean tan fáciles como nosotros queramos hacerlas.

Luciérnaga

miércoles, 30 de marzo de 2011

El callejón de mi gran avenida

Me lo encontré en la calle, estaba mirándome en silencio; como quien ya ha estado observando y conoce a la perfección a la persona anónima con la que se topa. Mientras yo caminaba él no apartaba su mirada. Debería haberme sentido incómoda, observada por un desconocido; pero me gustaba. De algún modo era como si yo también lo conociera a él, como si nuestras miradas se hubiesen encontrado en muchas más ocasiones, recortando la distancia que en ese momento nos separaba.

La plazoleta estaba repleta de gente, pero tuve la impresión de que estábamos solos. No quise pararme, me dió miedo sentir familiaridad con ese extraño. Seguí adelante con mi camino, pero con un paso increíblemente lento. Mi cabeza ordenaba correr, pero mi cuerpo sentía una atracción suprema hacia ese cuerpo que permanecía inmóvil y observante al otro lado de la plaza. Decidí dejar de mirar atrás, no quería confusiones; o, más bien, no quería descubrirle el temor que sentía.
Cuando quise darme cuenta, él estaba detrás de mí. Nos separaban apenas unos pasos y yo podía sentir su mirada, su incesante mirada clavada en mi espalda. Temía, sin embargo me sentía protegida, respaldada por un completo desconocido que me seguía con descaro.

Dejamos atrás la plaza en la que nos habíamos visto por primera vez, hacía pocos minutos, y entramos en una gran avenida, la cual a mí me pareció un callejón en el que apenas podían encontrarse dos personas. Mi extraño me seguía sin ningún reparo y yo no quería volver mi mirada y enfrentarla a la suya.
En un instante me vi apoyada en una pared, rodeada por los brazos de un hombre que cada vez me resultaba más cercano. Me miró, no apartó su mirada hasta que yo, no sin cierto miedo, decidí mirarlo fijamente; me rehuyó la mirada. Acariciaba mi cara, solo con la yema de sus dedos, parecía tener miedo a que yo pudiera romperme. No me aparté, no tenía miedo. Esas caricias me estremecían de tal manera que no deseaba otra cosa que no fuese parar el tiempo en ese instante. Parecía que había estado ensayando como tocarme y que, por otro lado, improvisaba la manera más correcta para hacerlo.
Rodeó mi cintura con sus brazos y yo apoyé mi cabeza en su hombro. Nunca creí que pudiera estar tan tranquila y despreocupada. Ni siquiera veía a los transeúntes que no dejaban de andar por el callejón de mi gran avenida.

Pensé que me iría de aquel lugar habiendo sentido algo que jamás había experimentado y que sólo había durado unos minutos o quizás horas, no era capaz de calcular el tiempo. Pero antes de que yo decidiera apartarme de él, me tomó la cara entre sus manos y susurrándome lo mucho que había esperado hacer eso, me besó. Fue el beso más cálido y dulce de toda mi vida. En ese momento creí que el universo entero se había parado a mis pies.Y cuando quise darme cuenta lo tenía a metros de mí y leí en sus labios, los que segundos antes estaban rozando los míos, un "te quiero".

Cada tarde vuelvo a pasear por mi plazoleta, recorriendo mi pequeña gran avenida, esperando que aparezca de repente rodeándome porla espalda y me diga que me quiere; pero nunca lo encuentro, solo hay gente desconocida, con prisas. Me tropiezo con personas que no saben mirarme, con las que no encuentro una mirada familiar, conocida.


Luciérnaga

lunes, 28 de marzo de 2011

No resistas la tentación

Aunque parezca mentira, sí he colgado dos entradas en un día. Y es que era un poco increíble que haya dejado pasar el carnaval sin colgar nada de nada. De manera que aquí os dejo algo; casi como un sacrilegio, por las fechas y por el contenido, pero ahora mismo esta presentación dice cosas que puedo llegar a sentir como dirigidas a mí misma.
Espero que disfrutéis del gran J.C. Aragón:


Para qué quieres, princesa mía, el alma
como una virgen, limpia y libre de pecaos,
si los besos más bonitos que se guardan
son los que se han robao.
Qué pobre diablo te contó la gran mentira
de que el dinero no da jamás la felicidad.
Quién te lo contó, qué diablo más pobre sería,
o qué poco te quería dar.
Tú no resistas la tentación, no, no, no, no y no le temas a Dios que conmigo no puede.
Y como no hay piedras en el cielo, sobre la Tierra no podrán caer.
Sobre la tierra no hay más que dolores y miedo a ganar y a vivir, a morir y a perder.
El bien es tan aburrido que hasta los buenos parecen tontos del to.
El mal es más divertido, por eso en el mundo, el único príncipe soy yo.
El bien es lo que te enseñaron para ser un esclavo al servicio de los demás.
El mal te sale del alma y es la manera más humana de sentir la libertad.
El mal resiste derrotas. Ni el amor lo puede parar.
El mal no pasa de moda. El mal no tiene final.
El mal se asoma y se esconde y se disfraza de bien.
El mal es la obra del hombre porque no hay demonio más grande que él.
Tú no resistas la tentación, no, no, no, no y no le temas a Dios, que conmigo no puede.
De tanto como me han dicho que soy el demonio,
me he convertido de pronto en el Príncipe del Mal
y me he vestido de fiesta para llamar a tu puerta
por carnaval.
Para llamar a tu puerta por carnaval.




http://www.youtube.com/watch?v=yG-FD4SyrDU